Meditación del Papa

Cuando sólo se quiere ser dueño de la vida, esta se hace cada vez más vacía, más pobre; fácilmente se acaba por buscar la evasión en la droga, en el gran engaño. Y surge la duda de si de verdad vivir es, en definitiva, un bien. No. De este modo no encontramos la vida. Las palabras de Jesús sobre la vida en abundancia se encuentran en el discurso del buen pastor. Esas palabras se sitúan en un doble contexto. Sobre el pastor, Jesús nos dice que da su vida. "Nadie me quita la vida; yo la doy voluntariamente". Sólo se encuentra la vida dándola; no se la encuentra tratando de apoderarse de ella. Esto es lo que debemos aprender de Cristo; y esto es lo que nos enseña el Espíritu Santo, que es puro don, que es el donarse de Dios. Cuanto más da uno su vida por los demás, por el bien mismo, tanto más abundantemente fluye el río de la vida. En segundo lugar, el Señor nos dice que la vida se tiene estando con el Pastor, que conoce el pastizal, los lugares donde manan las fuentes de la vida. Encontramos la vida en la comunión con Aquel que es la vida en persona; en la comunión con el Dios vivo, una comunión en la que nos introduce el Espíritu Santo. (Benedicto XVI, 3 de junio de 2006).

 

Salmo 22

El Señor es mi Pastor, nada me falta: 
en verdes praderas me hace recostar; 
me conduce hacia fuentes tranquilas 
y repara mis fuerzas; 
me guía por el sendero justo, 
por el honor de su nombre. 
Aunque camine por cañadas oscuras, 
nada temo, porque tu vas conmigo: 
tu vara y tu cayado me sosiegan. 
Preparas una mesa ante mí, 
enfrente de mis enemigos; 
me unges la cabeza con perfume, 
y mi copa rebosa. 
Tu bondad y tu misericordia me acompañan 
todos los días de mi vida, 
y habitaré en la casa del Señor 
por años sin término.

 

EL BUEN PASTOR

El capítulo 10 de Jn contiene la alegoría del pastor modelo, constituyendo una verdadera síntesis del misterio de la salvación. En el v. 11 tenemos una definición descriptiva de Jesús como pastor. Este tema abre una serie de relaciones entre Jesús y los suyos haciendo ver que el conocimiento mutuo no es un conocimiento de tipo psicológico, ni un conocimiento entre maestro y discípulo, sino que es un conocimiento de amor, basado en las relaciones del Padre con Jesús. Por eso mismo, toda relación entre los que creen debe tener como base un amor real. Traduzcamos hoy amor por respeto, comprensión, justicia, igualdad, cariño. En el grupo de los que creen la "autoridad" es Jesús, autoridad de uno que no tiene mayor interés que el de servir como sea. Jesús hace un acto de radical generosidad con el hombre al que considera hermano de verdad: el dueño de la vida ("entregar-recuperar", fórmula de totalidad, v. 18) da su vida en favor de los que quiere. No hay aquí ningún rasgo de altiva beneficencia, sino la sencillez del que ofrece lo que más quiere por el amor que tiene a otro. De tal modo es radical la entrega que esta muerte adquiere una dimensión salvadora, un valor absoluto. Subyace aquí un tema profético: la universal y unidad del rebaño. Ya la antigua profecía (Is 60-61) había intuido que el mensaje de la Palabra, el don de Dios, no podía quedar reducido a las estrecheces históricas de un pueblo. Jesús, por medio del pensamiento del autor, muestra con claridad que su don al hombre ha llevado dicha universalidad a las últimas consecuencias. Comienza a nacer la nueva comunidad mesiánica. El grupo de los que creen es lo menos parecido a un coto cerrado. Igual para todos y todos iguales. Un ideal que hay que construir.

 

 

 

Lo más Leido...