La fiesta de hoy es, fundamentalmente, la culminación de la resurrección de Jesús, su vuelta al Padre donde ya es Señor 'por encima de todo principado... por encima de todo nombre'. Pero hay en ella también una vertiente que mira hacia nosotros. Jesús -acabada la tarea que el Padre le encomendó- nos mira y nos dice: ¡Ahora os toca a vosotros! 'Id por todo el mundo'.

«Id", es decir: ¡Poneos en marcha! Se acabó el tiempo de apoyaros visiblemente en Mí, de contar con mi palabra recién hecha y a la medida, de reclamar mi intervención inmediata cuando el viento encrespa las olas, de verlo todo a través de mis ojos. Salid a campo abierto. Que el frío y la lluvia, el sol y el viento vayan curtiendo vuestra piel: al tiempo que la persecución, la sociedad y la duda van robusteciendo vuestro frágil corazón. «Yo estoy con vosotros", ciertamente; pero de otra manera. A veces, muchas quizá, no me sentiréis; y os vendrá la tentación de pensar que me he desentendido de vosotros y os habéis quedado solos, como dejados de la mano de Dios.

«Id», es como decir: ¡No os detengáis! Mirad siempre más hacia delante que hacia atrás. Que cada paso que deis no sea el comienzo de un descanso, sino el arranque para un nuevo impulso. Quiero una Iglesia caminante, desinstalada, misionera. Destinad a la evangelización vuestras mejores energías, vuestros mejores recursos; de sobra sabéis que me duele más la oveja que se fue que las noventa y nueve que sestean. Os voy a seguir hablando: desde la multitud de los que todavía no me conocen, desde el sufrimiento de los olvidados, desde los gozos y las alegrías de la gente. No desoigáis mi voz.

«Id», es como decir: ¡El mundo os necesita! Mi buena noticia no es sólo para vosotros. No la guardéis como oro en paño, como si se tratara de un trofeo, o de una herencia. Yo os he elegido para que vayáis, y la llevéis por los caminos del mundo. Que vuestro equipaje sea escaso y vuestra disponibilidad total. Quiero que mi palabra se difunda, traducida a los mil idiomas de la tierra, encarnada en todas las culturas, adaptada a todas las edades. Lo más sencilla posible, porque su destino preferente son los humildes.

«Id», es como decir: No tengáis miedo! Vuestra fuerza es poca, ya lo sé. La misión a la que os envío es inmensa: Llevad la noticia de Mí hasta el rincón más olvidado de la tierra.

Sé que la desproporción es evidente; no importa. Así quedará claro que la fuerza no es del que planta, ni del que riega, sino del Padre. Así comprenderéis, desde el principio, que estorba más al crecimiento del Reino la soberbia de quien se cree alguien, que la debilidad del que se sabe flaco, y por eso se echa confiadamente en mis manos. Yo iré delante de vosotros: es más, estoy ya esperándoos en el corazón de cada persona, trabajándolo en silencio y con cariño; los conozco a todos, uno a uno, y los quiero más de lo que ellos se pueden imaginar. Yo iré también dentro de vosotros: vuestra voz será el vehículo de mi palabra, caminaré con vuestros pies, amaré a la gente desde vuestro pobre corazón. No temáis, yo seré vuestra fortaleza.

Meditación del Papa

Es precisamente una invitación a la contemplación del Señorío de Jesús, para tener de Él la fuerza para llevar y dar testimonio del Evangelio en la vida cotidiana: contemplar y actuar, ora et labora, nos enseña san Benito, ambas son necesarias en nuestra vida de cristianos.

Queridos hermanos y hermanas, la Ascensión no significa la ausencia de Jesús, sino que nos dice que Él está vivo entre nosotros de una manera nueva; ya no está en un preciso lugar del mundo tal como era antes de la Ascensión; ahora está en el señorío de Dios, presente en todo espacio y tiempo, junto a cada uno de nosotros. En nuestra vida nunca estamos solos: tenemos este abogado que nos espera, que nos defiende, no estamos nunca más solos: el Señor crucificado y resucitado nos guía; con nosotros hay muchos hermanos y hermanas que en el silencio y la oscuridad, en la vida familiar y laboral, en sus problemas y dificultades, en sus alegrías y esperanzas, viven cotidianamente la fe y llevan al mundo, junto con nosotros, el señorío del amor de Dios, en Cristo Jesús resucitado, subido al Cielo, nuestro abogado.(S.S. Francisco,17 de abril de 2013).

No podemos quedarnos sentados mientras el mal crece en el mundo. No podemos dejar a los sacerdotes y catequistas toda la tarea de evangelización. No. Nos corresponde a todos como cristianos colaborar con la oración y con la acción en el apostolado.

Padre, en estos momentos en que recordamos tu petición de llevar a todos tu Palabra, te queremos pedir que creamos en la fuerza, en el amor, en la misericordia que puede llevar a todos. Que a pesar de todas las dificultades, "nada es imposible para Ti", que sigues haciendo "grandes cosas" a través de cuantos, saben entregarse con disponibilidad incondicional.

Acordaos, ¡oh piadosísima Virgen María! que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a vuestra protección, implorado vuestra asistencia y reclamado vuestro socorro, haya sido abandonado de Vos. Animado con esta confianza, a Vos también acudo, ¡oh Madre, Virgen de las vírgenes! Y aunque gimiendo bajo el peso de mis pecados, me atrevo a comparecer ante vuestra presencia soberana. No desechéis, ¡oh Madre de Dios!, mis humildes súplicas, antes bien, inclinad a ellas vuestros oídos y dignaos atenderlas favorablemente.

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