El texto está compuesto de dos parábolas sobre el Reino de Dios y de una nota informativa del autor sobre el hecho general de la enseñanza en parábolas y el de la explicación de las mismas a los discípulos.

La fórmula introductoria "el Reino de Dios se parece a" puede dar pie a malentendidos. El parecido no es con el hombre que siembra o con el grano de mostaza sembrado; sino con la totalidad del proceso reseñado. Ambas parábolas, en efecto, reflejan procesos completos: la siembra termina en siega; el grano de mostaza, en planta frondosa. Con el Reino de Dios sucede lo mismo que con la semilla o con el grano de mostaza: tiene una culminación intrínseca. No habría que hablar de parábolas de crecimiento, sino de parábolas de culminación.

En el contexto de Marcos las parábolas no vienen a dar respuesta a dificultades o fracasos en el trabajo de consolidación del Reino de Dios. Las parábolas están al servicio del "misterio del Reino de Dios" (Mc. 4, 11). Este misterio o secreto escondido es el mismo que existe en la semilla o en el grano de mostaza: parece imposible que de ellos pueda surgir una cosecha, una frondosidad. ¡Y sin embargo surge! Lo mismo sucede con el Reino de Dios: desemboca en cosecha y frondosidad. Todos están llamamos a él. Ya no hay judío y no judío, esclavo y libre, hombre y mujer, rico y pobre. Existen incluso testimonios antiguos que ven en los pájaros un símbolo de los paganos.

En cuanto al comentario del mismo, señalar que el particularismo o exclusivismo adopta hoy, indudablemente, formas distintas a las reflejadas en la polémica judío-pagana de tiempos de Jesús. Pero detrás de formas distintas se esconden siempre unos mismos fondos: afán acaparador, espíritu cerrado, orgullo, pobreza de espíritu, corporativismo. Son increíbles, al respecto, la mezquindad y el miedo a desmerecer.

No obstante nuestras proclamas universalistas, no estamos dispuestos a diluirnos unos en otros, a mezclarnos. ¡Nos ha costado tanto trabajo ser lo que somos y conseguir lo que tenemos! La valía es desgraciadamente egoísta y miope.
El universalismo real empieza por los más próximos. Solemos ser muy universalistas con los que están lejos; cuanto más lejos, más universalistas. El universalismo suele empezar a quebrar con el acortamiento de las distancias.

Meditación del Papa

La esperanza entra en esta dinámica de dar vida. Sin embargo, la primicia del Espíritu no se puede ver. No obstante, sé que el Espíritu obra. Obra en nosotros como un grano de mostaza diminuto, pero que por dentro está lleno de vida, de fuerza, que va hacia adelante hasta convertirse en árbol. El Espíritu obra como la levadura. Así la obra el Espíritu: no se ve, pero existe. Es una gracia para pedir.

Una cosa es vivir en la esperanza, porque en la esperanza hemos sido salvados, y otra cosa es vivir como buenos cristianos no más. Vivir a la espera de la revelación o vivir bien con los mandamientos; estar anclados en la orilla del más allá o instalados en la laguna artificial. (Cf. S.S. Francisco, 29 de octubre de 2013, homilía en Santa Marta).

¿No es ésta la más pequeña de entre todas las semillas? Y aún así es el más grande de todos los arbustos. Así es la vida interior, y Cristo nos la ha dado ha conocer de esa misma manera. Lo único que se tiene que hacer para poseer ese magnifico arbusto es cultivar esa pequeña semillita hasta que crezca totalmente. Así la vida interior, en un principio es como una pequeña semilla, posteriormente, dentro de nuestro corazón, crece tanto que llena todo el corazón. Es como el amor que da verdadera felicidad, es tan pequeño al inicio que hay que irlo cultivando para que crezca y se fortalezca. Poco a poco éste se hace más fuerte hasta que se mantiene en pie por sí solo, pero sigue siendo frágil, porque cualquier hachazo puede derribarlo, por lo tanto necesita un cuidado continuo. Esto es lo que hay que hacer con la vida interior, cuidarla cuando este bien crecidita, para que ningún hacha o sierra eléctrica nos lo vaya a echar para abajo.

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